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NIÑEZ TRANS: CUANDO LA ESCUCHA ES LA CLAVE – ANFUSO EN MDZ


La Directora de Género de la Provincia opina sobre Luana, la niña que logró que le reconocieran su género. “La mamá de Luana abrió su corazón, luego de atravesar dolores y miedos, a la manifestación de una niña en el cuerpo de un niño”, explica.

Niñez trans: cuando la escucha es la clave
Silvina AnfusoDirectora de Género y Diversidad de la Provincia de Mendoza

“A los dos años cuando empezó a hablar, me dijo Yo nena, yo princesa”, dice su mamá, Gabriela Mansilla, con lágrimas en los ojos. En ese entonces, Luana, era uno de sus mellizos. Usaba las remeras de su mamá, jugaba a bailar, se daba la cabeza contra la pared como manera de resistir que le dijeran (la psicóloga, su padre a los gritos, y hasta su misma madre) que era un niño. Luana, que había nacido con genitales masculinos, se sentía una nena y su mamá, supo oírla y así, atravesando todos los obstáculos, pudo obtener su DNI como niña.

En Argentina, en mayo de 2012, el Congreso Nacional sancionó una ley pionera en el mundo: la 26.743 reconocida como la ley de identidad de género. Esta norma estipula que toda persona tiene derecho “al reconocimiento de su identidad de género, al libre desarrollo de su persona conforme a su identidad de género, y a ser tratada de acuerdo con su identidad de género, y, en particular, a ser identificada de ese modo en los instrumentos que acreditan su identidad respecto del/los nombre/s de pila, imagen y sexo con los que allí es registrada. Para la ley, la identidad de género es la “vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente”. Puede corresponderse con el sexo asignado al momento del nacimiento o no.

La mamá de Luana, Gabriela Mansilla abrió su corazón, luego de atravesar dolores y miedos, a la manifestación de una niña en el cuerpo de un niño. En una sociedad que no sabe qué hacer si no se trata de lo tipicamente rosa o azul. Supo, desde su amor, sin tener un bagaje teórico que lo sostuviera, comprender a su hija. La vida de Luana es y será, más allá de la incompresión social. La pregunta y tambien desafío en que nos ofrece el testimonio de Luana y Gabriela es que quizas esté en cada uno de nosotrxs hacer los cambios necesarios para que muchxs niños, niñas, niñes y madres puedan sentir que la comunidad les hace la vida mas simple cuando dejamos de lado los prejuicios, cuando aprendemos a escuchar respetando la diversidad de realidades.

Por eso es necesario que sepamos, en las instituciones sociales, la escuela, y la familia que el cuerpo no determina nuestro ser ni nuestro sentir, y que la idea de la libertad de “ser” es un derecho de todas las personas.